El interior productivo de Córdoba atraviesa una геоgrafía de extrema tensión económica. En cuestión de días, la confirmación judicial de la solicitud de quiebra de Manisur S.A. en Santa Eufemia y el ingreso en concurso preventivo de Avex (operada por Granja Tres Arroyos) con fuerte arraigo en Río Cuarto cristalizaron una delicada situación para las economías regionales del sur provincial.
Ambos casos, aunque con matices sectoriales propios, comparten un denominador común: empresas ancladas en la agregación de valor en origen que colapsaron financieramente ante la combinación de pasivos millonarios, el desplome del mercado interno, la suba drástica de tarifas —como los servicios públicos esenciales— y la escasez de capital de trabajo.
Manisur: del esplendor exportador al cierre y la quiebra
El caso de Manisur S.A. ilustra el final abrupto de un símbolo de la agroindustria manisera. Con una planta paralizada y un pasivo que supera los 20.300 millones de pesos, la firma solicitó su propia quiebra ante la imposibilidad material de sostener sus obligaciones más elementales, al punto de no poder afrontar el pago de la tarifa eléctrica —indispensable incluso para preservar la seguridad de sus instalaciones— ni garantizar el aprovisionamiento de materia prima por la falta de avales crediticios.
La decisión unánime de los accionistas pone fin a un largo derrotero que arrastraba desde su concurso preventivo original en 2019. El impacto social en Santa Eufemia es directo y profundo, ya que la compañía representaba un motor clave de empleo y dinamismo económico en esa comuna y su zona de influencia.
Avex y el peso de la crisis avícola en Río Cuarto
En paralelo, la situación de Avex ratifica el delicado momento que atraviesa la industria de la alimentación y la avicultura a escala nacional y regional. Arrastrada por la crisis global de su controlante, el Grupo Granja Tres Arroyos —que acumuló pasivos gigantescos y cientos de cheques rechazados—, la planta ubicada en Río Cuarto (con unos 250 puestos de trabajo directos) formalizó su proceso de reordenamiento judicial de deudas.
Las tensiones financieras se tradujeron en cortocircuitos salariales, protestas gremiales e incertidumbre sobre la continuidad operativa de un complejo que es vital para la estructura industrial riocuartense. La propuesta del grupo empresario de unificar los concursos busca evitar un tendal de quiebras en cascada, aunque deja expuesta la extrema vulnerabilidad de las cadenas de pagos locales.
Un modelo bajo presión
Más allá de los factores internos de gestión o disputas societarias, la caída de estas dos insignia productivas refleja los límites con los que choca el sector privado regional en el actual escenario macroeconómico: tasas de interés agobiantes, retracción del consumo interno, costos logísticos y energéticos en alza, y dificultades crónicas para financiarse en el tramo final de la cadena exportadora.











