El riesgo país no da tregua. El martes 20 de octubre el indicador de JP Morgan llegó a 710 puntos básicos y rompió la barrera de los 700 por primera vez en un año, en medio de una nueva caída de los bonos soberanos en dólares. Ya son ocho ruedas consecutivas en alza, y el nivel es el más alto desde fines de octubre de 2025, cuando el mercado todavía descontaba el resultado de las legislativas. Solo en octubre, el indicador acumula una suba superior al 11%.
Para entender qué mide: es la diferencia entre lo que rinden los bonos argentinos y los del Tesoro de Estados Unidos. Con 710 puntos, esa brecha equivale a 7,10 puntos porcentuales adicionales, lo que encarece el financiamiento y complica el regreso del país a los mercados internacionales de deuda.
El Gobierno atribuye la escalada a factores externos. El vocero presidencial, Adrián Ravier, sostuvo que la suba obedece a la incertidumbre global, y recordó que la gestión de Milei recibió un riesgo país superior a 2.500 puntos. Y hay parte de verdad en el diagnóstico externo: el petróleo llegó a USD 111, lo que alimenta el temor a una inflación global y a una nueva suba de tasas en Estados Unidos. A eso se suman las tensiones en Medio Oriente y la inestabilidad política y financiera en Europa.
Pero un informe de Grit Capital Group difundido en estas horas pone el foco también en problemas de demanda que son bien locales:
- Menos compradores argentinos. Los residentes redujeron su participación en los bonos Globales desde un máximo cercano al 33% hasta el 20,4%. Cuando el comprador de adentro se retira, cada venta de un fondo extranjero pega más fuerte.
- Dólares que salen. Entre enero y septiembre se registraron USD 4.000 millones en pagos de utilidades y dividendos al exterior.
- Coberturas contra default. El CDS argentino a dos años llegó a 753 puntos básicos, algo que puede intensificar las ventas.
- Calendario de los fondos. Muchos fondos estadounidenses cierran su ejercicio el 31 de octubre y pueden achicar posiciones en activos riesgosos.
- El efecto Brasil. Las elecciones presidenciales brasileñas concentran la atención de los inversores de la región.
A esto, otros reportes suman los vencimientos de 2027 y 2028, con pagos a acreedores privados y organismos por más de USD 21.000 millones, y el creciente ruido político de cara al calendario electoral de 2027. Esa última pieza no es menor: un mercado que mira un año adelante empieza a poner precio a la incertidumbre sobre quién gobernará cuando haya que pagar.
No todo el cuadro es negativo. La balanza comercial de septiembre dejó un superávit de USD 2.976 millones y el Banco Central siguió comprando divisas. Algunos especialistas remarcan que el Tesoro viene mostrando capacidad para renovar vencimientos, aunque esos datos por ahora no alcanzan para revertir la cautela. Tampoco hay una traducción automática al bolsillo: la suba del riesgo país no implica por sí sola aumentos del dólar, los precios o las tasas de los créditos personales.
La pregunta que queda flotando es si Argentina logra recuperar compradores de deuda antes de que lleguen los vencimientos. Mientras no lo haga, el termómetro seguirá mostrando fiebre aun cuando los números de comercio y reservas indiquen que el paciente tiene otras defensas.











