Hubo un tiempo en que Martín Llaryora le hablaba al Presidente sin mencionarlo. Sus críticas y advertencias parecían abstractas, sin un destinatario de carne y hueso. Ese esquema de críticas veladas y apoyo condicionado, que la prensa cordobesa describió como la ambivalencia del peronismo local frente a la Casa Rosada, empezó a quedar atrás.
El quiebre se fue gestando por etapas. En un acto por el boleto obrero, Llaryora pronunció el discurso más político desde que asumió, con críticas a la recesión y al recorte a las universidades. Más cerca en el tiempo, durante el lanzamiento de un programa de capacitación laboral, le exigió a Milei que “ponga la cara” por el Pami y cuestionó el financiamiento universitario, con el rector de la UNC a su lado.
Pero la ofensiva de las últimas semanas tiene otro volumen. El 14 de octubre, en la inauguración de un tramo de la Autopista de la Ruta 19, aceleró sus críticas y se mostró dispuesto a acompañar la caída del DNU 70/23. Al día siguiente, en una entrevista, sostuvo que “el que no ve una crisis es un ciego” y apuntó a la caída del empleo, el cierre de pymes y el endeudamiento de las familias. También se refirió a las leyes de financiamiento universitario y de emergencia en discapacidad, y dijo que habrá que preguntarle al Presidente por qué no las cumple.
La advertencia más fuerte fue electoral. En medio de un raid por medios de Buenos Aires, Llaryora aseguró que, si Milei no cambia el rumbo, la realidad lo va a hacer perder la elección. Argumentó que las provincias vienen haciendo de amortiguador ante la quita de transferencias y que ese esfuerzo tiene un límite. Y el domingo, en la mesa de Juana Viale, mantuvo una línea más medida: habló de “relaciones institucionales correctas”, con acompañamiento donde haya acuerdo y críticas donde no.
Esa combinación de dureza discursiva y gestos institucionales es la marca de la estrategia. Un análisis publicado a principios de octubre contó que el gobernador no viajó a París con la comitiva de mandatarios provinciales, para sostener la diferenciación con el ajuste de la Casa Rosada “sin ir al choque”.
Las críticas de enfrente
Del lado libertario, la lectura es otra. Gabriel Bornoroni, jefe del bloque oficialista en Diputados y candidato a gobernador en 2027, acusó a Llaryora de alinearse con el kirchnerismo y de votar en esa línea desde hace tres años. Sobre los reclamos por la Caja de Jubilaciones y las retenciones, habló de “politiquería”. Y fue más lejos todavía: dijo que la Provincia podría haberle “quedado grande” y que debería evaluar un paso al costado. Desde la izquierda también hubo cuestionamientos, con la idea de que el gobernador empezó a tantear un discurso opositor al constatar que ya no resultaba rentable seguir cerca de Milei.
La discusión de fondo, entonces, es si se trata de una convicción sobre el modelo económico o de un reposicionamiento de cara a 2027. Lo que los datos muestran es que el tono subió, que el contexto económico lo empuja y que la campaña cordobesa ya empezó.











