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Marcos Juárez, un resultado que envalentona a Llaryora y preocupa a la oposición

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Desde 2014, cuando se convirtió en el kilómetro 0 cero de Cambiemos en todo el país, las elecciones en Marcos Juárez, que van separadas del resto, son seguidas con atención, como si fueran premonitorias. Y casi siempre dan una sorpresa.

El domingo, si bien había encuestas que lo daban ganador, nadie esperaba que Germán Font, alineado con el gobernador Martín Llaryora, consiguiera sacarle 26 puntos de ventaja a Pedro Dellarossa, que había sido intendente y que llegaba con posibilidades teóricas de gobernar una vez más.

Ahora, el resultado de Marcos Juárez está teniendo repercusiones para adelante. Llaryora está tratando de obtener el mayor rédito político de una elección que da algunas señales. Primero, que la buena imagen que todavía tiene Javier Milei en Córdoba no es directamente trasladable a sus candidatos. Es más, en Marcos Juárez el peronismo vuelve al poder después de 50 años; es decir, parecen haber pesado razones principalmente municipales en el triunfo de Font. Y eso es lo que el oficialismo provincial viene tratando de transmitir: que aún cuando haya un acompañamiento del electorado a nivel nacional, en 2027 se pondrá en juego el poder provincial y se avalará o no la gestión específica de Llaryora.

El gobernador quería evitar a toda costa -y lo logró- que en Marcos Juárez empezara una especie de nueva ola que le diera impulso y envalentonara a la oposición a nivel provincial. Lo que hizo Llaryora en la elección municipal fue similar a lo que se imagina para la provincial: el peronismo se unió y se abroqueló detrás de la figura de Font mientras la oposición se dispersó en varias opciones.

Desde hace meses, el llaryorismo viene negociando con el gobierno nacional que no haya una lista de unidad en 2027 en la provincia sino que haya al menos un par de listas que dividan el voto opositor. El escenario que se imagina es que el gobernador alcance al menos el 40 por ciento y que nadie en la oposición pueda llegar a esa cifra.

La elección en Marcos Juárez fue también una alarma para los opositores. Si bien hay mensajes para bajarle el precio al resultado con el argumento de que no había candidatos oficiales de La Libertad Avanza ni del Pro, otros han señalado incluso públicamente que debe ser una lección: si el año que viene no hay un proceso de unidad, la oposición podría volver a quedarse con las manos vacías. Porque no es automática la traspolación de resultados nacionales a la provincia, porque las legislativas de 2025 no son un antecedente que prefigure de manera directa el resultado de 2027, y porque si bien el oficialismo da señales de agotamiento después de 28 años en el poder, también tiene argumentos para pedir un período más.

La oposición, en particular Luis Juez, han venido ensayando en las últimas campañas un argumento que han repetido: que el modelo del peronismo cordobés no da más, que se cae por sí solo, como si fuera un proceso casi automático. Sin embargo, los resultados de las últimas elecciones provinciales y ahora el de Marcos Juárez muestran que ese razonamiento tiene límites: que, al menos en Córdoba, el cambio de signo político no se va a producir sólo por el paso del tiempo. La oposición está obligada a encontrar en sí misma otras razones de peso para convencer al electorado de que merece una oportunidad.