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Mal momento para Milei en las encuestas: ¿está a tiempo de revertirlo?

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El termómetro de la opinión pública argentina atraviesa un período de reacomodamiento. Tras los picos de expectativa iniciales y la contención del frente inflacionario, el pulso social sobre la gestión de Javier Milei muestra signos de desgaste acumulado, condicionado principalmente por la velocidad de la reactivación económica y el impacto en el poder adquisitivo.

El cruce entre los indicadores de confianza institucional y las mediciones tradicionales de imagen y proyección electoral deja ver una radiografía llena de matices, caracterizada por un núcleo duro de apoyo que resiste, pero con luces de alerta en sectores clave como el electorado joven y el Gran Buenos Aires.

El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), elaborado mensualmente por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) a partir de un relevamiento nacional ejecutado por Poliarquía Consultores, volvió a mostrar en sus datos de julio de 2026 las oscilaciones que experimenta la percepción ciudadana. El indicador, que mide las expectativas y la valoración hacia el Poder Ejecutivo en una escala de cero a cinco, registró un nivel de 1,94 puntos. Este resultado significó un retroceso del 6,5% respecto de junio y marcó una caída interanual del 21%, interrumpiendo el breve repunte del mes anterior y retomando la tendencia bajista del año.

Al analizar las dimensiones internas del trabajo de Poliarquía, el atributo referido a la honestidad y ética gubernamental se mantiene como el pilar más firme de la percepción pública sobre la figura presidencial. En contraste, los componentes vinculados a la eficiencia en la administración pública, la capacidad de gestión y la resolución concreta de los problemas macroeconómicos son los que registraron el mayor deterioro, reflejando que la ciudadanía demanda respuestas palpables en su vida cotidiana.

Uno de los giros sociodemográficos más marcados que revelan las encuestas radica en la franja de los votantes de entre 18 y 29 años. Si en la etapa inicial del proyecto libertario los jóvenes constituyeron el motor principal del respaldo electoral y comunicacional, las desagregaciones del ICG muestran una contracción significativa en sus niveles de confianza acumulada en comparación con los primeros meses de mandato. Las dificultades de inserción en el mercado laboral y el encarecimiento del costo de vida en los centros urbanos explican buena parte de este enfriamiento.

A nivel territorial, los datos del mismo informe señalan que la brecha geográfica continúa marcando la pauta de la opinión pública. Mientras que el interior del país mantiene de manera sostenida los niveles relativamente más altos de aprobación para el oficialismo, el Gran Buenos Aires se consolida como el distrito más esquivo para la narrativa gubernamental y donde el impacto socioeconómico genera un mayor desgaste relativo.

En el plano de la imagen pública y la proyección electoral, el trabajo de firmas privadas muestra variaciones según el sesgo metodológico. Por un lado, la consultora Opina Argentina ubica la imagen negativa del Presidente en torno al 60%, aunque registra que La Libertad Avanza sostiene un núcleo cercano al 31% o 32% en la intención de voto general. Por otro lado, estudios de la consultora Zuban Córdoba & Asociados observan un escenario más complejo, registrando niveles de desaprobación de la gestión que rozan el 64% y una aprobación reducida al 34%, con un rechazo particularmente marcado en el segmento femenino.

A pesar de esta erosión en los indicadores de imagen, los sondeos coinciden en que La Libertad Avanza conserva una posición competitiva de cara a los escenarios electorales de mediano plazo frente a un mapa opositor atomizado. La dispersión del espacio peronista y la falta de un liderazgo alternativo que aglutine de manera unificada el descontento popular funcionan, hasta el momento, como un amortiguador político decisivo para la gestión oficialista.

El escenario de opinión pública confirma así que la sociedad argentina ha entrado en una fase de evaluación centrada estrictamente en los resultados concretos. La evolución de la inflación, el empleo y los ingresos reales actuará como el árbitro definitivo que determinará si el oficialismo logra amortiguar el desgaste de las encuestas o si la curva de confianza se encamina hacia una tendencia irreversible.