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La vuelta de Schiaretti: un gesto político ante la avanzada de Llaryora

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El exgobernador confirmó que asumirá su banca de diputado en febrero. Más que un trámite institucional, su regreso marca un movimiento estratégico dentro del peronismo cordobés, en un momento en que Martín Llaryora busca consolidar su liderazgo y controlar todos los resortes del poder provincial.

El anuncio de Juan Schiaretti de que ocupará finalmente su banca en la Cámara de Diputados no puede leerse solo como el cumplimiento de una obligación formal. Para el exgobernador, que hasta ahora había mantenido un perfil bajo tras la fuerte derrota contra los libertarios en las elecciones de octubre, se trata de un gesto político calculado: volver a tener presencia activa en el Congreso y, al mismo tiempo, enviar un mensaje hacia adentro del peronismo cordobés.

La decisión llega en un contexto particular. Martín Llaryora, su sucesor en la gobernación, avanza con rapidez para consolidar su poder y proyectar su figura como líder indiscutido del oficialismo provincial. En ese marco, la presencia de Schiaretti en Buenos Aires puede funcionar como contrapeso simbólico: un recordatorio de que el “cordobesismo” tiene todavía un referente con peso propio y capacidad de interlocución nacional.

El regreso de Schiaretti también reaviva las tensiones latentes en el PJ cordobés. Mientras Llaryora busca ordenar la tropa y asegurarse control sobre intendentes, legisladores y estructuras partidarias, el exgobernador se posiciona nuevamente en la escena, con la autoridad que le da haber sido uno de los arquitectos de la estrategia que mantuvo al peronismo provincial en el poder durante más de dos décadas.

En definitiva, la asunción de la banca no es solo un acto administrativo: es un movimiento político que abre un nuevo capítulo en la relación entre dos dirigentes que comparten origen pero disputan el futuro del peronismo cordobés. Schiaretti vuelve al Congreso, pero también vuelve al tablero de poder de Córdoba.