José Torello es casi una sombra. Pero poderoso como pocos. Integra el círculo íntimo de Mauricio Macri, con quien mantiene una estrecha amistad desde hace 40 años, cuando los dos cursaban en el elitista colegio Cardenal Newman.
El público ni lo registra, precisamente, porque su misión es pasar desapercibido, moverse debajo de la superficie. Maneja las finanzas del Pro y es un engranaje clave en el esquema de poder macrista: él mismo contó en una de las pocas entrevistas que concedió que ningún ministro llega al Presidente sin antes hablar con él.
Ese “monje negro”, que tiene el cargo formal de jefe de asesores de Macri, estuvo el miércoles en Río Cuarto. Su presencia no se difundió, no dio entrevistas, no estuvo en el palco que se armó durante la noche en la que Cambiemos organizó una cena en la Rural para recaudar fondos.
Esa cena fue el evento público, el que contuvo una carga política y, por lo tanto, pudo exteriorizarse. Pero lo más relevante ocurrió horas antes, al mediodía, en el Howard Johnson. Allí no hubo candidatos, ni figuras públicas ni discursos políticos. Allí se habló de dinero, de aportes para la campaña.
Mientras en la cena se cobró 5.000 pesos por persona, en el hotel de la costanera los ceros no eran tan acotados. Torello convocó a los principales empresarios del sur y, sin vueltas ni medias palabras, les pidió que pusieran plata para financiar al Pro, partido del que es apoderado. Según él mismo admitió en una entrevista, no están habilitados los aportes empresarios para la campaña, pero sí lo están como contribución al sostenimiento de los partidos. Una pequeña trampa que le sirve al Pro, y al resto de los partidos, como salvoconducto.
La presencia del jefe de asesores de Macri marca lo trascendente que fue para Cambiemos el encuentro del miércoles. Un funcionario del gobierno nacional señaló que la concepción del macrismo es que Río Cuarto y el sur poseen un peso electoral innegable pero más aún económico. Por eso, mientras el resto hacía política, el recaudador pasaba la gorra. Es un secreto de Estado cuánto se llevó pero sí trascendió que además de sacar sus chequeras, los empresarios aprovecharon la oportunidad para hacer más de un planteo.
Río Cuarto se convirtió en los últimos días en el epicentro de la campaña porque es un territorio que Cambiemos busca afianzar y consolidar y en el que Unión por Córdoba intentará al menos descontar algunos puntos para dar la impresión de que está vivo y de que tiene recursos y reflejos para encarar los próximos dos años con algo más que resignación.
En Cambiemos están conformes y confiados. Tanto que el martes, cuando se haga el debate en la Universidad de Río Cuarto con los cabezas de lista, Héctor “La Coneja” Baldassi volverá a dejar la silla vacía. Consideran que es potencialmente más costosa su presencia que su ausencia.
El caso del exárbitro es un síntoma del momento de Cambiemos al menos en Córdoba. Su candidatura, sus ostensibles limitaciones, su resistencia a dar aunque sea un tímido indicio de evolución política, serían motivo de castigo o al menos de reproche para cualquier otro frente político. Baldassi lleva cuatro años de diputado y su producción legislativa ha rozado la nulidad. Pero su desempeño no parece estar en consideración; es sólo un vehículo para apoyar a Macri.
“La Coneja” parece esos amigos monotemáticos que sólo hablan de fútbol. Ayer, a una semana de las legislativas, envió una gacetilla de prensa en la que insiste por enésima vez con la misma metáfora: “El 22 los cordobeses nos jugamos el partido más importante”. Es transformar la política, y sobre todo el acto cívico y democrático de votar, de elegir a los representantes, en una liviandad.
La acción más osada de Baldassi ha sido repartir tarjetas rojas o amarillas. Pero es un fenómeno que marca un momento del oficialismo nacional y de la sociedad en su conjunto. Cambiemos parece blindado y, a la vez, una porción importante de la gente abomina de la política. Es una situación que las encuestas advierten. Y que el macrismo está en condiciones de sortear con más naturalidad porque su concepción, su identidad están asentadas en la práctica de la política disfrazada de antipolítica, de un contravalor de lo que tradicionalmente han venido haciendo los partidos.
Pero el Pro también tiene socios. Y mientras el macrismo recaudaba en el Howard y los aportantes de menor poder adquisitivo cenaban en la Rural, la UCR jugaba su interna en Río Cuarto, con los viejos métodos de la vieja política. Ramón Mestre, que se movió por la ciudad con una comitiva numerosa y hasta sorprendió por el dispositivo de seguridad que siguió sus pasos, organizó su propia reunión para ir armando una estructura en el sur con miras a 2019, cuando pretende pelear por la gobernación.
El intendente de Córdoba estuvo también en la casa de Juan Jure, por donde más tarde pasó Mario Negri, otro de los tantos que están anotados para tratar de desbancar a Unión por Córdoba dentro de dos años.
La interna en la que se encuentran enfrascados los radicales no causa ninguna gracia en el Pro. Es, incluso, un motivo de cierta preocupación. “Los únicos que podemos atentar contra el triunfo en 2019 somos nosotros mismos. Y es un riesgo no menor”, graficó un dirigente.
Unión por Córdoba también eligió Río Cuarto para dos de sus principales actividades en el último tramo preelectoral. Primero, un día después de que Torello y los suyos estuvieran almorzando, cenando y recaudando, el gobernador se reunió también con empresarios, los mismos que un día antes habían acudido a la convocatoria de Cambiemos, y les expuso qué es lo que, a su juicio, está en riesgo el próximo domingo.
Schiaretti volvió a centrarse en un eje sobre el que ha machacado el PJ cordobés y al que se ata para tratar de achicar los 16 puntos que le sacaron el macrismo y sus socios en las Paso: Córdoba recibe de la Nación mucho menos de lo que aporta y, además, después de las elecciones estará en discusión el reparto de los recursos, por ejemplo, el Fondo del Conurbano, que podría implicar una pérdida de $ 7.000 millones para la provincia.
En el comando de campaña del PJ sostienen que el planteo sobre las retenciones que viene haciendo Schiaretti, que implicaría la eliminación en dos años de los derechos de exportación para la soja, ha encontrado eco. Es, tal vez, el único tema que el oficialismo provincial logró colar en la campaña. “Le fuimos a decir a los empresarios y a los productores, que están tan enamorados de Macri, que vean que se llevan 23.000 millones pero los que reciben los subsidios son los porteños. No sabemos si va a tener efecto pero, al menos, se lo dijimos”, relató un dirigente.
La exposición ante los empresarios en la Rural le sirvió además a Schiaretti para que entrara en escena un actor de la talla de José Manuel De la Sota, que en los últimos tiempos se mostró más preocupado por su tienda que por la suerte de Unión por Córdoba.
Los dos máximos exponentes del PJ cordobés, que se turnaron en el poder en los últimos 18 años, se plantaron solos ante las cámaras en la conferencia de prensa posterior y les pidieron a los cordobeses que reconozcan las obras que se hicieron y reflexionen sobre el voto. Es un argumento que soslaya que las decisiones electorales suelen estar más enfocadas en el futuro que en el pasado, en las expectativas que en el agradecimiento.
El segundo acto de la dupla Schiaretti-De la Sota se producirá el próximo jueves, durante el acto final de campaña que se hará en el Central Argentino. El gobernador prometió estrenar allí la camisa que el dueño de El Hombre le regaló la semana pasada. No será el único estreno. Unión por Córdoba también aprovechará para mostrar su nuevo rostro, el que empieza a ensayar para los tiempos que vendrán: la instrucción es que el cierre se despoje de peronismo, de sus símbolos y rituales. Que, en cambio, aparezca la tarima en medio de la gente para que los candidatos se muestren más en pose de stand up que de discurso político. Todo muy Pro. Es el germen de Durán Barba que se impone y se expande.











