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Milei 43, Kicillof 40: el balotaje que nadie puede dar por ganado

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A un año de las elecciones presidenciales, la política argentina se mueve sobre una paradoja que la última encuesta de CB Global Data pone en números: la mayoría quiere cambio, pero el cambio todavía no tiene candidato único.

El estudio, realizado entre el 21 y el 25 de octubre sobre 1.151 casos, con un margen de error de 2,9%, arranca con un dato de fondo. Frente a la pregunta de si prefieren que sigan los que están o que haya un cambio, el 57,5% eligió la segunda opción. Solo el 33,8% pidió continuidad y un 8,7% no se definió. Es una diferencia de casi 24 puntos que, en cualquier otro contexto, sonaría a derrota anticipada para el oficialismo.

Sin embargo, cuando la encuesta baja a los nombres, el escenario es otro. Javier Milei encabeza la intención de voto con 27,1%, diez puntos y medio por encima de Axel Kicillof, que suma 16,5%. La explicación está en la fragmentación del campo opositor. Detrás aparece un “candidato de CFK” con 12,1%, y más abajo el peronismo federal con 3,5%. Si se suman esas tres vertientes, el peronismo ronda el 32%, pero dividido en tres propuestas ninguna logra desafiar al primer lugar. A eso se agregan Myriam Bregman con 7,3% y Patricia Bullrich con 8,5%. El 14,4% de indecisos, además, deja el tablero lejos de estar cerrado.

El verdadero dato político aparece en los balotajes. En el cruce entre Milei y Kicillof, el presidente se impone por 43% a 40,6%. La distancia de 2,4 puntos queda dentro del margen de error: empate técnico. Otras consultoras vienen mostrando algo parecido; la encuesta de Proyección, por ejemplo, ubicó a Milei y Kicillof prácticamente igualados en un balotaje, con 40,8% y 40,2%.

Pero el estudio introduce una variable que alimenta el debate puertas adentro del oficialismo. Cuando el balotaje es entre Patricia Bullrich y Kicillof, la ex ministra de Seguridad gana por 47,3% a 40,1%, siete puntos de ventaja. Es decir, contra el mismo rival, Bullrich rinde mejor que el propio Milei. Hay que tomarlo con cautela, porque son preguntas distintas y la encuesta no cruza a ambos oficialistas en un mismo escenario. Pero el patrón no es aislado: una medición de Isasi Burdman concluyó que Bullrich era la compañera de fórmula que mejor potenciaba la intención de voto de Milei.

En ambos balotajes, además, hay una franja que no se alinea. Entre el voto en blanco o nulo y los indecisos, queda entre 12% y 16% de electores sin definir en la segunda vuelta. Esa porción, sumada al 57,5% que pide cambio, es el territorio donde se jugará la elección.

La lectura para cada espacio es distinta. Para Milei, el mensaje es que conserva el primer lugar y un piso firme, pero que el clima de época no lo favorece de manera automática. Para Kicillof, que es el opositor mejor ubicado, el desafío es convertir el deseo de cambio en votos concretos sin que el peronismo se parta. Y para Bullrich, el dato abre una pregunta incómoda: qué lugar ocupa un candidato competitivo dentro de un espacio que ya tiene dueño.

A un año de las urnas, la encuesta no define un ganador. Lo que muestra es que la elección se va a decidir menos por quién genera más entusiasmo que por quién logre ordenar a su propio frente y convencer a ese 57,5% que dice querer algo distinto.