El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, aprovechó su desembarco en los medios de Buenos Aires para volver a poner sobre la mesa una posibilidad que el cordobesismo viene insinuando desde hace tiempo: Juan Schiaretti como candidato presidencial en 2027.
El mandatario no se limitó esta vez a expresar un deseo. En distintas entrevistas insistió con la necesidad de que su antecesor vuelva a competir por la Presidencia y presentó esa eventual candidatura como la expresión nacional de un espacio que pretende ubicarse por fuera de los dos polos de la política argentina.
“¿Por qué no puede ser Schiaretti? ¿Hasta cuándo vamos a seguir jugando en los extremos?”, planteó Llaryora durante una entrevista con Infobae. Y cuando le preguntaron directamente si quería una nueva candidatura presidencial del exgobernador, respondió: “Sí, claro”.
La definición tuvo una segunda versión, todavía más explícita, durante su paso por el streaming Gelatina. Allí sostuvo que Schiaretti tiene experiencia y condiciones para volver a ser candidato y afirmó que promociona que haga “la patriada” de presentarse nuevamente ante los argentinos.
En TN, además, Llaryora lo definió como “el mejor candidato” para el año próximo y sostuvo que el país necesita salir de la lógica de la grieta. “Necesitamos empezar a tener gente con sentido común”, afirmó.
Detrás de la insistencia con Schiaretti hay una definición política más amplia. Llaryora intenta presentar al cordobesismo como una construcción nacional de centro, con una identidad diferenciada tanto del kirchnerismo como de los libertarios.
En Infobae resumió esa posición con una fórmula que viene utilizando desde hace tiempo: “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”.
Según el gobernador, existen dos posiciones que llevan al país hacia los extremos: una que pretende que “el Estado tiene que ser todo” y otra que sostiene que “el mercado tiene que ser todo”. Frente a ellas, reivindicó una combinación entre equilibrio fiscal, iniciativa privada y un Estado con capacidad para intervenir allí donde sea necesario.
La apuesta no es completamente nueva. En mayo pasado, Llaryora ya había dicho que le gustaría que Schiaretti fuera presidente y había planteado que el modelo cordobés podía trasladarse al escenario nacional. En esa oportunidad también había marcado distancia tanto del kirchnerismo como de los libertarios.
Ahora, sin embargo, el mensaje adquiere otra dimensión. Con la discusión de 2027 cada vez más presente, Llaryora busca instalar que la alternativa nacional no necesariamente tiene que quedar reducida a una disputa entre Milei y una expresión del peronismo kirchnerista.
“En Buenos Aires hay que ir por un lado, y yo elijo el Centro y el sentido común”, afirmó durante la entrevista en Gelatina. Y agregó que, aunque “el centro está muy vapuleado”, está dispuesto a dar esa discusión.
La defensa de Schiaretti estuvo acompañada por un discurso mucho más crítico hacia el Gobierno nacional.
Llaryora cuestionó particularmente el impacto del programa económico sobre la actividad productiva, las pequeñas y medianas empresas y el empleo. En TN sostuvo que la industria atraviesa “una situación muy difícil” y reclamó que el Gobierno modifique su estrategia frente al deterioro social.
El gobernador cordobés sostuvo que el equilibrio fiscal no debería ser abandonado, pero que las prioridades tienen que modificarse cuando la situación social cambia.
“Uno puede estabilizar la macroeconomía con la paz de los cementerios”, afirmó, en una de las frases más fuertes de su paso por los medios porteños.
También planteó que Córdoba deberá elaborar su próximo presupuesto teniendo en cuenta la situación de las familias y admitió que la Provincia podría resignar parte de su superávit para afrontar las dificultades económicas.
“Hay una situación social que no se puede seguir sosteniendo, una situación de desempleo que está escalando”, argumentó.
En Gelatina fue todavía más directo al referirse al futuro político de Milei. “Si Milei no cambia el rumbo, la realidad lo va a hacer perder la elección”, afirmó, al advertir sobre la pérdida de empleo y el deterioro de la situación social.
La construcción que propone Llaryora también necesita diferenciarse del otro polo de la política argentina.
El gobernador sostuvo que el peronismo cordobés entiende el justicialismo “distinto a como lo entiende el kirchnerismo” y volvió a marcar que su espacio pretende representar una variante de centro y productivista.
En ese esquema, Schiaretti aparece como una figura que puede condensar la identidad política que Llaryora intenta proyectar hacia 2027: experiencia de gestión, equilibrio fiscal, vínculo con el sector privado y un Estado con funciones de desarrollo.
Durante su paso por Gelatina, Llaryora también fue consultado por la situación judicial de Cristina Kirchner.
El gobernador evitó ingresar en una discusión política sobre la condena y sostuvo: “Nosotros no discutimos en Córdoba los fallos jurídicos”. Al mismo tiempo, reconoció el derecho de la expresidenta a recurrir a organismos internacionales.
La definición vuelve a encajar en la estrategia discursiva que el gobernador viene desplegando: tomar distancia del kirchnerismo sin convertir la discusión sobre Cristina en el eje central de su posicionamiento.
Otro de los puntos que Llaryora utilizó para diferenciar el modelo cordobés fue la educación universitaria.
Cuestionó el desfinanciamiento del sistema universitario nacional y contrapuso esa situación con la decisión de Córdoba de avanzar en la construcción de 15 sedes universitarias en el interior provincial.
El gobernador también reclamó al Gobierno nacional una mayor atención sobre la producción. Su diagnóstico es que el ajuste puede estabilizar determinadas variables macroeconómicas, pero que necesita ser acompañado por políticas que permitan recuperar actividad, inversión y empleo.
“Te tenés que sentar a dialogar”, planteó al referirse al vínculo del Gobierno con industriales, productores y emprendedores.
Mientras habla de Schiaretti y de la construcción nacional, Llaryora también despejó una incógnita de la política cordobesa.
Consultado en Infobae sobre una eventual candidatura para un segundo mandato como gobernador, respondió de manera contundente: “Confirmalo”.
Así, el gobernador combina dos planos políticos.
Por un lado, prepara su propia continuidad en Córdoba. Por otro, intenta que el espacio que conduce tenga una presencia nacional capaz de disputar el escenario de 2027 con una identidad diferente a la de Milei y al kirchnerismo.
En esa estrategia, Schiaretti vuelve a ocupar el centro de la escena.
Llaryora no lo presentó simplemente como un dirigente al que respeta. Lo ubicó como el candidato que, a su juicio, podría representar una alternativa nacional basada en experiencia y “sentido común”.
La apuesta todavía necesita una definición del propio Schiaretti. Pero el mensaje de Llaryora desde Buenos Aires fue inequívoco: el cordobesismo quiere discutir 2027 y quiere hacerlo con Schiaretti como una de sus principales cartas presidenciales.











