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Milei frente al espejo: la urgencia de reinventar expectativas en un país sin consumo

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Con la imagen presidencial en retroceso y los indicadores económicos golpeando el bolsillo, el gobierno busca recomponer confianza en un escenario donde la caída del consumo se convierte en el termómetro más crudo de la desilusión social.

El desgaste político de Javier Milei se acelera al ritmo de los números económicos. La inflación persistente, el estancamiento productivo y la contracción del consumo configuran un cuadro que erosiona la narrativa inicial del “shock libertario”. Lo que en los primeros meses se presentó como un experimento audaz hoy enfrenta la prueba más difícil: sostener expectativas en una sociedad que empieza a sentir que el sacrificio no tiene horizonte claro.

Los datos son elocuentes: el consumo cayó un 9,5% interanual en febrero de 2026, acumulando diez meses consecutivos de retroceso. Los hogares recurren cada vez más a las tarjetas de crédito para financiar la comida, mientras los pagos con dinero disponible se desploman. La foto es reveladora: cuando el bolsillo no alcanza, la deuda se convierte en la única salida.

La caída en la imagen presidencial refleja un fenómeno clásico en la política argentina: el divorcio entre promesas de transformación y la experiencia cotidiana de los ciudadanos. El consumo, motor histórico de legitimidad social, se desploma y desnuda la fragilidad del contrato entre gobierno y gobernados. Los supermercados vacíos, la retracción en bienes durables y la pérdida de poder adquisitivo son más elocuentes que cualquier discurso.

En este contexto, Milei necesita reinventar su relato. No alcanza con la épica de la “batalla cultural” ni con la confrontación permanente contra la “casta”. La política, incluso la más disruptiva, requiere resultados tangibles que devuelvan esperanza. La pregunta es si el gobierno puede construir un nuevo horizonte narrativo que compense la falta de alivio económico, o si la caída del consumo terminará siendo el punto de inflexión que marque el límite de su capital político.

La urgencia es doble: recomponer expectativas hacia afuera, en la sociedad, y hacia adentro, en su propia coalición, donde las tensiones empiezan a emerger. En definitiva, Milei enfrenta el desafío de todo liderazgo en crisis: demostrar que aún puede ofrecer futuro cuando el presente se vuelve insoportable.