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Llamosas y un triunfo de alto riesgo

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Schiaretti y Llamosas, de cara a las legislativas de octubre

Desde que contrariaron a José Manuel de la Sota y forzaron una interna para disputarle a Miguel Minardi la candidatura a intendente en 2012, Juan Manuel Llamosas y su estrecho equipo de confianza se convencieron de que allí estaba la fórmula para avanzar en política: atalonarse, aguantar las presiones y salir a pelear los espacios en los momentos definidos por ellos mismos. La alternativa era someterse a los tiempos de otros y esperar largamente por un premio que podría no llegar.
Cinco años después, y ya gobernando la ciudad más importante que el peronismo cordobés tiene en sus manos, el llamosismo repitió casi calcada la misma jugada, aunque con actores diferentes. Se plantó públicamente ante la cúpula schiarettista, reivindicó para sí una candidatura que hasta ese momento no estaba en los planes, recibió una réplica destemplada pero, aun así, tal como ocurrió aquella vez, no le fue precisamente mal. No se quedó con el número tres de la lista, ni con el cuatro, como pedía en el inicio de las negociaciones, pero obtuvo el quinto casillero, un escalón por debajo de schiarettistas y delasotistas, y además consiguió que Llamosas, quien había sido confinado a un papel desenfocado y sin protagonismo en el esquema de poder provincial, integre hoy la mesa política del peronismo provincial, donde se definen las estrategias y se terminaron de cerrar las candidaturas.
Hasta ahora, el intendente ni siquiera había logrado encolumnar monolíticamente al justicialismo riocuartense detrás de su figura; tampoco construyó un proyecto regional. Aun así, su presión terminó dándole resultado. En el Palacio esperan ahora que las señales que llegaron desde Córdoba contribuyan a domar los focos de resistencia que aún despierta su liderazgo en el PJ de la ciudad.
Claudia Márquez, que acompaña a Llamosas desde sus épocas de defensor del Pueblo y que actualmente coordina el Consejo Municipal de Violencia de Género, es la elegida para ocupar el quinto puesto en la lista. También llegó a sonar el nombre de Andrea Petrone, pero el oficialismo, que no es precisamente pródigo en nombres leales, se habría quedado sin uno de los tres concejales propios que tiene en un bloque de diez.
Las chances directas de Márquez de sentarse en una banca son remotas. Las encuestas tanto del PJ como de Cambiemos pronostican una elección de cuatro diputados para cada uno y el restante para la izquierda. Además, según señalan en el schiarettismo, ninguno de los candidatos que preceden a la abogada riocuartense son testimoniales. Aseguran que incluso Alejandra Vigo, esposa del gobernador y segunda en la lista detrás de Martín Llaryora, asumirá como diputada pese a sus pretensiones de acceder a la intendencia de Córdoba en 2019.
De todos modos, para el llamosismo ha sido un avance y hasta una reivindicación que no alcanza sólo al intendente sino que también se extiende, por ejemplo, a Mauricio Dova, el secretario de Gobierno que provocó un cimbronazo cuando reclamó un lugar central para Río Cuarto en la lista y a quien, inmediatamente, le llovieron cuestionamientos de todo el arco peronista ajeno al llamosismo. Un dato: Márquez coordina un consejo que preside Dova.
Es decir, el oficialismo municipal se anotó un punto a su favor, y hasta una victoria, con respecto a su situación anterior. Sin embargo, ¿a qué precio? El llamosismo, que juega fuerte cuando pretende espacios, también lo hizo al ofrecer su contraprestación. El intendente, que ganó con suficiencia su propia elección hace menos de un año, ofertó municipalizar la legislativa, lo que en los hechos implica plantearla como un plebiscito a su gestión aunque lo que está en juego en realidad es una disputa por el reparto de bancas en el Congreso.
Obtiene un logro a cambio de un costo potencialmente alto. Ese riesgo es elevado porque deberá confrontar con Mauricio Macri, que viene de cosechar más del 70 por ciento en Río Cuarto, y porque el resultado de la elección es una incógnita.
Ahora, Llamosas carga con la elección sobre sus espaldas. Está obligado a no especular, a exigirse al máximo para ganar en octubre. Para el schiarettismo, que si terminó cediendo ante el grupo del intendente es porque no se encuentra precisamente en una posición de extrema solvencia, es una situación que, en la capital alterna, lo refuerza. Más todavía si se tiene en cuenta que hasta Cambiemos admite que, según sus sondeos, Río Cuarto es uno de los territorios donde la elección será más complicada.
El gobernador pretende que el compromiso total e indubitable se replique en cada pueblo y ciudad que está comandada por el peronismo. Por eso diseñó una lista territorial, con intendentes o representantes de los municipios, y pergeñó una consulta popular sobre la polémica distribución de los subsidios nacionales a la energía. Empuja a los jefes comunales a que salgan a militar y se carguen la campaña al hombro, aunque no necesariamente incurran en la municipalización que ya está planteada en Río Cuarto. Las consecuencias de perder este año podrían ser para ellos demasiado gravosas: el gobierno provincial ya les avisó que quienes caigan derrotados no recibirán el apoyo oficial para la reelección cuando sus propios trajes se pongan en juego.
La lista de Unión por Córdoba es un muestrario de condicionamientos. Schiaretti se reservó los tres primeros lugares para asegurarse que gran parte de los diputados que surjan de las urnas le respondan directamente; también es una represalia contra De la Sota por haber declinado la postulación. Recién en el cuarto lugar aparece un hombre del exgobernador: el legislador Daniel Passerini.
Si quiere ver a uno de los suyos sentado en una banca, el delasotismo tendrá que jugarse a fondo en la elección. Esa es la intención. Sin embargo, hay quienes relativizan la efectividad de la jugada: sostienen que Schiaretti relegó a Passerini al cuarto lugar para forzar una negociación con el otro hombre fuerte del peronismo. “Pero José no lo llamó, no le pidió el número tres ni nada por el estilo. Por lo tanto, no tiene una deuda con el Gringo y quedó con las manos libres para el 2019. Ahí está la verdadera pelea”, relataron cerca del exmandatario, quien coquetea con la idea de volver por la gobernación.
En Unión por Córdoba admiten que la elección es compleja, de resultado incierto, pero creen que podrán ganarla y que sus chances se incrementaron desde el momento en que Eduardo Accastello, el exhombre fuerte de Villa María, decidió declinar una candidatura que sólo había sido pensada para hacer daño. El exintendente iba a postularse por el kirchnerismo pero para quitarle votos al PJ y, por lo tanto, ser funcional al macrismo. Se lo vio salir hace días de la Casa Rosada junto a Humberto Roggero, todavía vigente en los entretelones oscuros de la política, donde habría ido a tejer un acuerdo que finalmente se cayó. Habrían pesado más las presiones del peronismo cordobés, y las advertencias de un fatigoso periplo en los Tribunales, que las tentaciones ofrecidas en Balcarce 50.
En Cambiemos la cuerda estuvo tensa pero no se cortó. Macri consiguió lo que pretendía: la lista va encabezada por Héctor “La Coneja” Baldassi, y por primera vez desde 1983 el radicalismo cordobés, alguna vez imbatible, deberá conformarse con ser un actor de reparto; en este caso, de un exárbitro de fútbol.
Ramón Mestre tuvo que resignar el anhelo de ver a su hermano Diego en el tope de la nómina -finalmente irá quinto-; como premio consuelo negoció que ningún otro espacio interno del radicalismo se ubicara en un lugar expectable. El intendente capitalino se quedó con el 2 (Soledad Carrizo), el 4 (Brenda Austin) y el 5 y dejó a Mario Negri y a Oscar Aguad fuera de competencia, quienes de todos modos ya han tejido sus propias sociedades con el macrismo y no necesitaban ser contenidos en la elección.
El mestrismo siempre se asentó en los intendentes para empujar dentro del radicalismo. Sin embargo, esta vez fueron esos mismos socios quienes le reclamaron a Diego que aceptara la oferta del macrismo y evitara una confrontación que podría perjudicarlos. Como consecuencia, Ramón y su hermano se quedaron sin sustento y se resignaron a quedarse con lo que tenían a mano.
La UCR se sigue desdibujando, continúa perdiendo peso. La inquietud que sobrevuela a sus dirigentes no está centrada tanto octubre como en 2019, una fecha en la que ya se imaginan al macrismo, que arrancó en Córdoba como un socio menor, yendo por todo y ejerciendo así una de las más célebres y repudiadas máximas del ideario kirchnerista.