Inicio Política local El hombre que dijo no

El hombre que dijo no

832
0
Compartir
De la Sota dijo no

Con una mochila al hombro, un bronceado brasileño y sin ninguna preocupación en el rosto, José Manuel de la Sota entró al negocio de Diego Cid y pidió dos pares de medias, “gruesitas”, del mismo color: gris. Cruzó unas palabras con otro cliente, contó que seguía dedicándose al tenis pero que cada vez estaba más enganchado con el gimnasio, y salió. En Luis María lo esperaban sus riocuartenses de confianza. Era martes. A ellos, café de por medio, les contó lo que iba a oficializar dos días después: que no sería candidato, que finalmente desistiría de encabezar la lista de Unión por Córdoba este año. Enumeró un combo de razones y les adelantó que le enviaría una carta al partido para decirle formalmente que, esta vez, no contara con él.

Esa decisión, que se venía rumoreando cada vez con más insistencia a pesar de que el exgobernador había dado señales inequívocas de que estaba en carrera, alteró el panorama en el peronismo pero también en la oposición. Obviamente, era una elección si De la Sota estaba en la lista, y será otra sin él ¿Qué lo empujó a decir que no??¿Por qué declinó una candidatura si, según él mismo dice, llevaba una amplia ventaja en las encuestas contra cualquiera de sus competidores?

Se hace difícil de creer que un dirigente como De la Sota, con manifiestas intenciones de competir por la presidencia en 2019, haya desechado la posibilidad de alzarse con un cómodo triunfo en el territorio donde Macri se llevó el 72 por ciento de los votos. Tanto delasotistas como schiarettistas sostienen que todos los sondeos le dan al exgobernador una ventaja de entre 8, 10 y hasta 15 puntos sobre Cambiemos. Sin embargo, en el Pro aseguran que los resultados no son tan lineales y que esas distancias se acortan casi hasta la inexistencia cuando a los cordobeses se les consulta si estarían dispuestos a darle un apoyo a Mauricio Macri y su proyecto.

El riesgo de una derrota, aunque haya sido difuso, puede haber pesado en De la Sota, que ansía instalarse a nivel nacional. Un resultado adverso en octubre habría sido un réquiem para esas pretensiones.

Pero, además, había visiones encontradas entre Juan Schiaretti y De la Sota sobre la estrategia general de la campaña. Al exgobernador lo guiaba la libertad de quien no está atado a las obligaciones de un cargo: lejos de la mesura, pretendía hilvanar un discurso crítico contra el macrismo y lo que representa. Algo insinuó en Reducción, cuando caminó junto a los fieles y equiparó al actual gobierno con el kirchnerismo por su vocación de cavar más en la grieta para ensancharla.

Schiaretti, con un gobierno a sus espaldas, prefería la no confrontación o, como él mismo lo dijo, la campaña de baja intensidad. En ese marco, los dirigentes del gobernador aseguraban por lo bajo que De la Sota tendría que ajustarse al guión e ir atemperando su tono confrontativo.

Tal vez, a esta altura, esa apelación al disciplinamiento lo incomodó.

Cerca de De la Sota relatan que pesaron un cúmulo de factores que inclinaron la balanza hacia el no. Tampoco hay que descartar el elemento personal, las ganas o no de encarar una campaña a diputado. Sus allegados dicen que no tenía ningún entusiasmo por someterse al desgaste que implica recorrer la provincia para pedir acompañamiento.

Por supuesto, en política las razones reales suelen estar manifiestamente en contraposición con las que se expresan públicamente. Y, por lo tanto, es probable que los argumentos altruistas que usó De la Sota en el sentido de que es necesario renovar el partido hayan pesado menos que las especulaciones personales sobre la conveniencia o no de pelear específicamente la campaña que viene. Al exgobernador lo esperaba un desafío nada irrelevante:?saber que enfrente tendría a Macri y la alta imagen que aún cosecha entre los cordobeses, a pesar de todo. Lo más recomendable, dicen en el peronismo, era dejar correr el tiempo y tratar de confrontar con el Presidente en condiciones más ventajosas y por el premio mayor.

Pero, más allá de las causas y las explicaciones, el peronismo cordobés se enfrenta al hecho objetivo de que no tendrá al mejor de sus candidatos en la grilla. Es, por supuesto, una contrariedad: incluso el Pro admitió que esa ausencia acrecienta sus posibilidades.

Sin embargo, el PJ puede encontrar algunos elementos positivos en la autoexclusión de De la Sota. El principal es que tiene la chance de ganar en coherencia por la desaparición de esa tensión discursiva latente entre el exgobernador y el actual. Ahora, Schiaretti no tendrá obstáculos para definir una estrategia y darle a la campaña un tinte de uniformidad.

Ya no estará esa tirantez entre dos jefes que poseen visiones distintas y necesidades contrapuestas. De todos modos, la anulación de ese elemento no elimina mágicamente algunos inconvenientes evidentes que padece Unión por Córdoba. La división de roles que se han impuesto el gobernador y el resto del oficialismo cordobés es el más ostensible:?Schiaretti pretende preservar su cercanía con Macri pero, a la vez, necesita que el PJ se diferencie del Presidente de cara a las elecciones. Y el equilibrio que requiere esa dualidad es sumamente exigente y produce ruidos permanentes. Por ejemplo, mientras los ministros provinciales y los intendentes salieron a denunciar que son discriminados por el gobierno nacional en el reparto de fondos, el gobernador aseguró que no hay inconvenientes y que los recursos para obras están llegando con absoluta normalidad. En ese caso, la estrategia de separación de roles aparece lisa y llanamente como una contradicción; es más, por el peso de su cargo, la palabra de Schiaretti se convierte en una desautorización de las quejas del resto.

Es decir, la salida de De la Sota le da al justicialismo no la garantía sino la posibilidad de ensamblar un discurso que de a ratos provoca confusión.

La disputa que está vigente y que se disparó en el oficialismo desde el jueves en que el exgobernador renunció es, por supuesto, por la lista. Se menciona una grilla tentativa que tendría a Llaryora como primero, Alejandra Vigo, la mujer de Schiaretti, como segunda, y posiblemente a Daniel Passerini, legislador delasotista, en tercer lugar. Cuarto podría ir un ministro. El llamosismo, sin nadie del sur en la lista, pugna por colarse en esos casilleros expectables.

Pero hay una elucubración más que empieza a circular en el peronismo:?quién se quedará con el crédito si Unión por Córdoba gana, y quién con la culpabilidad si pierde. En la Provincia señalan que De la Sota no podrá eludir la responsabilidad de haberse corrido del escenario cuando más se lo necesitaba;?a él apuntarán, por lo tanto, los cañones en el caso de una caída. Y agregan que si Schiaretti gana solo, entonces, ya no habrá lugar para dos liderazgos en el PJ.

Más allá de las especulaciones de cada bando y del intento por salir lo mejor parado posible de octubre, lo cierto es que, sin De la Sota, ahora es Schiaretti el que queda en el centro de la escena y el que concentrará en su figura cualquier derivación de las legislativas. El gobernador dice que la elección será de baja intensidad porque la composición del Congreso no se alterará de manera significativa;?sin embargo, el impacto de una elección no se corresponde necesariamente con sus consecuencias prácticas. Para el peronismo, una derrota estaría cargada más que nada de negatividad simbólica y política por la pérdida del territorio.

En Cambiemos aseguran que sus analistas le dan más chances en las legislativas con De la Sota autoexcluido; aunque primero deberá resolver su propia interna para la conformación de la lista. En el Pro esperan que haya un disciplinamiento a partir de las instrucciones de Macri y que no se llegue a una confrontación.

En la campaña, habrá dos tendencias en pugna. El PJ apuntará a provincializar la elección para instalar la idea de que es necesario reafirmar la identidad y defender los intereses de los cordobeses. Cambiemos querrá nacionalizarla para que la misma gente que le dio a Macri un aluvión de votos en 2015 le ratifique su confianza. El resultado se definirá por la imposición de una u otra.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here