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Calvo, el hombre del pacto

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Manuel Calvo es el nuevo hombre fuerte del gobierno provincial. El flamante jefe de Gabinete, que desde el inicio manejó los hilos de los acuerdos políticos en el equipo de Martín Llaryora, pasó por un período de cuestionamientos cuando el oficialismo perdió la elección legislativa. Pero ahora, a partir de su buena relación con su par nacional Diego Santilli, ascendió en el esquema de poder principalmente con una misión electoral.

Si bien entre sus funciones está la coordinación entre los ministerios, su principal objetivo está enfocado en la Casa Rosada. «Manuel ya inició conversaciones con el gobierno nacional por la cuestión electoral», señalan en la Provincia.

¿Qué tipo de conversaciones? La pretensión del gobernador, desde el momento en que la oposición se impuso por amplio margen en las elecciones legislativas del año pasado, fue cerrar un acuerdo con los libertarios que ayude a garantizar las dos reelecciones: la del propio Llaryora y la del presidente Javier Milei. En el cordobesismo hay algunas voces que señalan que es políticamente ingenuo pensar que los libertarios van a entregar alegremenente un territorio como Córdoba pero, a la vez, admiten que el Presidente ya no está tan sobrado electoralmente como lo estaba hace unos meses, cuando su proyecto de ajuste y motosierra fue revalidado en las urnas.

¿Cuál es el acuerdo que imagina Llaryora y que Calvo negocia con Santilli? Que haya un esquema mutuamente conveniente desde el punto de vista electoral: que el gobierno nacional vaya con una lista propia, que deje afuera a sus eventuales socios (Luis Juez y Rodrigo De Loredo) y que genere así la dispersión del voto opositor. Con una oposición dividida y con el gobernador en torno de los 40 puntos, en el Panel creen que la reelección estaría garantizada.

Pero ¿qué obtendría Milei a cambio de entregar Córdoba? Como contrapartida, Llaryora no sólo bajaría el tono del discurso -algo que ya ha ocurrido en las últimas semanas- sino que contribuiría a su vez a generar o apoyar a nivel nacional una opción peronista diferente a la de Axel Kicillof. Así, también la atomización en el plano federal sería la piedra de cambio.

Como las elecciones serían en fechas distintas -la de Córdoba se adelantaría para despegar el posible efecto electoral del proceso nacional-, Llaryora podría garantizarse primero la reelección y después cumplir con el acuerdo con Milei ya sin riesgos.

En las últimas semanas ha habido indicios de, al menos, un acercamiento mucho más aceitado entre las dos gestiones. Si bien desde 2023 a la fecha hubo períodos fluctuantes, nunca había ocurrido lo que pasó desde la llegada de Santilli: Córdoba recibió 400 mil millones de pesos en concepto de anticipo de coparticipación, 5 mil millones de un ATN, la promesa de nuevos fondos y la autorización para recibir créditos internacionales. Mientras tanto, están en marcha las conversaciones para que los legisladores nacionales del cordobesismo contribuyan con sus votos a algunos proyectos de ley que al gobierno nacional le interesan particularmente; por ejemplo, la reforma electoral y la eliminación de las Paso.

Hasta ahora son señales. Movimientos preparatorios. Nada garantiza que todo vaya a terminar en un acuerdo electoral como el que imaginan en el Panal. Sin embargo, la llegada de Calvo a la jefatura de Gabinete tiene ese fin último: no sólo que la gestión mejore sus índices de aceptación y su intención de voto sino que también haya un pacto con la Casa Rosada para que, una vez más, la oposición sea pura dispersión en Córdoba y el gobernador pueda completar su ciclo con cuatro años más.