Fueron 45 minutos en los que el antiguo clima de amistad y confianza entre ellos pareció un recuerdo lejano. Casi todo va mutando en un país atravesado otra vez por la vorágine. Mauricio Macri y Juan Schiaretti, que alguna vez bailaron cumbia alegremente en Córdoba ante un público que los festejaba, estaban tensos.
Ocurrió en una semana agitada. El gobernador dejó en claro que no comparte la decisión de buscar en el FMI un salvavidas pesado y propuso que se eliminaran los subsidios que benefician a Buenos Aires y se llevan 40 mil millones de pesos.
Salió de la reunión preocupado. No lo dijo en público ni dio una versión de lo conversado pero lo transmitió a los suyos. Se encontró con un Presidente que parece no tener conciencia de la magnitud de la crisis ni de la inestable realidad que tiene entre manos. Pero no es que confíe en medidas que está tomando o que va a tomar. “Cree que todo va a mejorar. Pero ni siquiera lo dice desde el voluntarismo. Es algo peor: es mesianismo”, relata un funcionario cordobés.
Schiaretti considera que Macri tiene tres desafíos ingentes por delante: bajar el déficit, reducir la inflación y controlar el dólar. Y de la reunión que mantuvo en la Casa Rosada se llevó la impresión de que el Jefe de Estado no tiene claro cómo avanzar en ninguno de los tres frentes. El ataque al déficit se encuentra con un condicionamiento: Macri sigue especulando con su reelección y teme las consecuencias que podrían acarrearle algunas medidas, como por ejemplo eliminar los subsidios en Buenos Aires.
“En la Casa Rosada no hay una asunción de lo que se viene, principalmente en términos sociales ¿Qué va a pasar cuando llegue a pleno a los supermercados el efecto de una devaluación del 40? Macri encendió una pradera y no sabemos hasta dónde va a llegar el fuego. No podemos decirlo públicamente pero estamos muy preocupados”, indican en la Provincia.
Schiaretti se llevó algunos indicios de que el gobierno nacional masculla algunas medidas que podrían afectar aún más a las provincias y a las economías regionales. Por eso, en los días posteriores se movió para conformar una masa crítica entre los gobernadores. Se reunió con los miembros de la Región Centro y, lo que más comentarios generó, con el puntano Alberto Rodríguez Saá.
Esos encuentros tuvieron un componente gubernamental y otro político-electoral. El primero apuntó a darle una señal a Macri de que los mandatarios provinciales no dejarán pasar fácilmente medidas que los perjudiquen. El segundo tiene como meta el 2019: Schiaretti avanzó con Rodríguez Saá no tanto en un posible armado nacional sino en una sociedad de resguardo territorial. El gobernador cree que su colega puntano puede ser una contribución de peso para reforzar electoralmente el sur provincial, donde el modelo puntano sigue gozando de una imagen considerable.
Cada movimiento de Schiaretti, cada foto, profundizó la sensación de distanciamiento. Después de pagar el costo político por haberse pegado a Macri y por ser funcional en ocasiones a su proyecto de poder, el gobernador parece alejarse cada vez más. Está dispuesto a sostener la gobernabilidad, como dice en público cada vez que puede, pero no a incinerarse.
Por eso expresó en los medios que la responsabilidad de volver a caer en el FMI es de la Nación. “Ni me consultaron”, se deligó.
A esta altura, en contra de lo que venían diciendo en los últimos meses, en la Provincia ya dudan profundamente de la suerte final de la gestión macrista. “Se vienen meses muy complicados. Y es impredecible lo que pueda pasar. Nosotros estamos seguros de que ante una crisis extrema, una de las últimas torres que se va a caer será la nuestra porque tenemos las cuentas en orden de verdad. Pero tarde o temprano nos va a afectar”, relatan en el Panal.
Pronostican que la recaudación caerá y, por lo tanto, la Provincia deberá cuidar cada peso. Ese mismo diagnóstico tienen en los municipios. En Río Cuarto, por ejemplo, el intendente Juan Manuel Llamosas ya decidió priorizar los pagos: afrontará los gastos corrientes y el resto quedará relegado. Cada una de esas decisiones impactará en la economía real, con proveedores que deberán esperar meses para cobrar y que, a la vez, deberán tomar sus propias medidas.
El gobierno provincial le reprocha a Macri su impericia en el manejo de las variables económicas, algo en lo que supuestamente ese equipo de CEOs y empresarios de éxito no podía fallar. Lo preocupante, indican en el schiarettismo, es que el Presidente sigue pensando que su sola presencia da garantía a los mercados, una premisa que ha demostrado ser falsa. Incluso Nicolás Dujovne lo ha admitido: ni los inversores ni la gente le tiene confianza ya al gobierno.
“Se suponía que ellos sabían de esto. Son los dueños del circo”, indicó un funcionario provincial. El problema es que a los dueños del circo se le están rebelando los leones y ya no encuentran recetas para domarlos.
Pero además la concepción política del gobierno nacional está demostrando su inconsistencia. Durán Barba suele argumentar que la calle ya no es un elemento gravitante sino que la clave se encuentra en las redes sociales, en los mensajes personalizados en una época en que cualquier forma de proyecto colectivo en teoría ha caducado.
El movimiento social masivo del miércoles/jueves pasado en favor del aborto demostró que esa conclusión es falaz, al menos parcialmente, y que la presencia en las calles sigue siendo un factor no solamente de peso sino atemorizante para la clase política.
Eso debe convertirse en un motivo de preocupación para el gobierno en los tiempos que corren. Porque está ante una sociedad que, si se tocan ciertas fibras sensibles, está dispuesta a movilizarse y reclamar. Tal vez por eso se conoció en las últimas horas que el Ejecutivo está apurando el despliegue de fuerzas de seguridad nacionales en los territorios más inestables socialmente.
En el tema del aborto, la Provincia también descarga reproches contra Macri. Sostiene que la Nación lanzó al ruedo un debate que nació como una maniobra distractiva y que después no supo cómo frenar ni manejar. En Córdoba dicen que ahora debe esperarse la réplica del Papa. No la pública, que ayer se expresó en términos crudísimos al comparar el aborto con el nazismo, sino la concreta.
La media sanción de la ley de aborto significó un golpe simbólico profundo para Francisco. Casi todos los diarios del mundo titularon con el mismo concepto: “En el país del Papa avanza el aborto”.
Ese cachetazo tendrá costos, concluyen en el gobierno provincial. En una época que estará signada por la crisis social y el deterioro de la calidad de vida principalmente de las familias humildes, Francisco seguirá manejando los hilos de una extensa red de organizaciones sociales. “¿Cómo cree el gobierno que va a actuar el Papa de ahora en más? ¿Va a contener a esa marea de gente o la va a predisponer en contra de las políticas oficiales?”, señalan en el schiarettismo.
El oficialismo cordobés, que votó a pleno en contra del aborto, parece estar reseteándose. Ya predomina la conclusión de que se está ante un movimiento social imparable, que la política debe aprender a aceptar en vez de enfrentarlo. Por eso, no habría que sorprenderse si Córdoba cambia su voto en el Senado.
La visión política va acomodándose. Pero lo que despierta preocupación en el gobierno provincial es, principalmente, el plano práctico del aborto para el sistema de salud.
En la Ejecutivo hacen un paralelismo con Uruguay, que aprobó el aborto en 2012 y posee una magnitud poblacional similar a la de Córdoba: algo más de 3 millones de habitantes. En el Ministerio de Salud plantean que desde que salió la ley en el país vecino se han realizado unos 10 mil abortos. “Todo el mundo destaca el criterio de Uruguay pero no dicen lo que les pasa: están desbordados ¿Cómo vamos a aplicar la ley nosotros, con qué recursos? La Nación tira el tema y deja a las provincias desguarnecidas”, indicaron en el Panal.
Suele ser el inconveniente central que generan las “leyes de avanzada” en países con sistemas sanitarios del tercer mundo.











