La última encuesta de la consultora Sicchar, realizada entre el 16 y el 18 de mayo sobre un universo de 1.000 casos en Córdoba, confirma un cambio de tendencia en la política provincial. El presidente Javier Milei, que en enero había alcanzado un pico de aprobación del 61%, hoy apenas logra un 48% de respaldo, con una desaprobación que trepó al 46%. El estudio detalla que un 14% de los cordobeses califica su gestión como “muy buena” y un 34% como “buena”, pero el rechazo creció: un 25% la considera “muy mala” y un 21% “mala”.
En contraste, el gobernador Martín Llaryora aparece con un nivel de aprobación del 49%, un punto por encima de Milei, y con una caída de cuatro puntos en su imagen negativa respecto de la medición anterior. Este dato es clave: mientras el presidente enfrenta un desgaste acelerado, el mandatario provincial logra sostener su base de apoyo y mejorar su relación con la opinión pública.
El relevamiento también subraya la dispersión opositora como factor determinante. El radicalismo cordobés se muestra dividido entre las referencias de Rodrigo de Loredo y Luis Juez, mientras que el espacio libertario carece de conducción clara y pierde terreno. En ese escenario, Llaryora se proyecta como el dirigente mejor posicionado para retener el poder en 2027, capitalizando la falta de cohesión de sus adversarios. Aunque un dato es también importante: el gobernador aparece hoy con 31 puntos de intención de voto y se impondría, sobre todo, si la oposición continúa dividida.
La conclusión de Sicchar es contundente: la caída de Milei en Córdoba, sumada a la atomización opositora, abre un espacio político que el gobernador aprovecha con eficacia. El oficialismo provincial se fortalece y Llaryora emerge como el principal referente de continuidad en un distrito clave para el futuro electoral argentino.











