En un giro inesperado de su política económica, el gobierno argentino anunció este martes que el Tesoro Nacional comenzará a intervenir directamente en el mercado libre de cambios. La decisión, comunicada por el secretario de Finanzas Pablo Quirno, busca “contribuir a la liquidez y normal funcionamiento” del mercado, en medio de una creciente presión sobre el tipo de cambio y una coyuntura política marcada por escándalos y elecciones.
La intervención consiste en que el Tesoro —no el Banco Central— venderá dólares propios en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC), con el objetivo de frenar la escalada del dólar mayorista, que había rozado los $1.385 y se acercaba al techo de la banda de flotación pactada con el FMI, fijada en $1.467. Esta estrategia busca evitar que el tipo de cambio oficial se dispare, lo que podría trasladarse rápidamente a precios y desestabilizar aún más la economía en la recta final hacia las elecciones legislativas de octubre.
La medida llega en un momento de alta demanda de dólares por parte de empresas y particulares, en un contexto de menor liquidación de divisas del agro y creciente incertidumbre política. A esto se suma una investigación judicial por presunta corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, que involucra a Karina Milei, hermana del presidente. El combo de factores generó una corrida cambiaria incipiente, que el gobierno intenta contener con esta intervención.
Según estimaciones privadas, el Tesoro cuenta con unos US$1.700 millones depositados en el Banco Central, que serán utilizados para ofrecer dólares en momentos puntuales. A diferencia de las intervenciones del BCRA, no habrá parte diario ni transparencia sobre el volumen de operaciones, lo que podría generar más ruido que certidumbre.
Aunque la cotización del dólar bajó levemente tras el anuncio, analistas advierten que el margen de maniobra es limitado. Si el mercado percibe debilidad o falta de coordinación entre el Tesoro y el BCRA, podría intensificarse la demanda de dólares y derivar en una corrida de consecuencias impredecibles.
La intervención representa un quiebre en el esquema de bandas de flotación acordado con el FMI, que estipulaba que el gobierno no podía vender dólares hasta que la divisa tocara el techo de la banda. Aunque fuentes oficiales aseguran que el organismo fue consultado y dio su visto bueno, no hubo confirmación explícita desde Washington.











