Más de 22.000 firmas dejaron de operar en el país en el último año, con pérdidas cercanas a 350.000 puestos de trabajo. El cierre de la histórica fábrica de neumáticos Fate y la caída de miles de pymes reflejan un escenario crítico. Analistas advierten que la combinación de recesión e inflación configura un cuadro de estanflación.
Las cifras son contundentes: según relevamientos sectoriales, más de 22.000 empresas cerraron en la Argentina en los últimos meses, lo que implicó la pérdida de casi 350.000 empleos formales. El fenómeno golpea especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que representan el entramado productivo del país y que hoy operan en muchos casos a menos del 50% de su capacidad.
El caso más resonante fue el cierre de la fábrica de neumáticos Fate, propiedad de Javier Madanes Quintanilla, que durante décadas abasteció al mercado interno y exportó a la región. Su clausura simboliza el impacto de la apertura comercial y la imposibilidad de competir con productos importados.
La crisis no se limita a las grandes compañías. Un informe reciente advierte que 31.500 pymes podrían cerrar en 2026, lo que equivale al 6,3% del total nacional. El dato se suma a las más de 20.000 firmas que ya bajaron sus persianas en 2025, configurando un panorama de desindustrialización acelerada.
El desempleo crece y la inflación erosiona los ingresos. “Estamos ante un cuadro típico de estanflación: caída de la actividad con precios que no ceden”, señalan economistas consultados. La palabra, que parecía lejana, vuelve a instalarse en el debate público.
Mientras tanto, el gobierno insiste en que la reforma laboral y la apertura de nuevos sectores como minería y energía traerán inversiones y empleo. Sin embargo, en las calles y parques industriales, la realidad se traduce en persianas bajas, fábricas vacías y trabajadores que buscan un horizonte cada vez más incierto.











