A menos de tres semanas de las elecciones legislativas, el escándalo que involucra al economista liberal José Luis Espert por sus vínculos financieros con el empresario Fred Machado —detenido por narcotráfico y con pedido de extradición de EE.UU.— provocó un sismo político que perfora la imagen del oficialismo y reconfigura el tablero electoral.
La renuncia de Espert como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, oficializada el domingo, fue leída como una maniobra de contención ante el deterioro acelerado de su imagen pública. Según la consultora Zuban-Córdoba, el dirigente cosechaba un 71,4% de imagen negativa y más del 60% de los encuestados consideraba que debía renunciar. El impacto no se limitó a su figura: el 76,3% de los consultados cree que el escándalo afecta negativamente al gobierno de Javier Milei.
Los sondeos previos a la renuncia ya mostraban un retroceso de La Libertad Avanza en territorio bonaerense. Un estudio de CB ubicaba a Fuerza Patria, con Jorge Taiana a la cabeza, liderando con el 42% de intención de voto, seguido por Espert con 36,8%. Tras el escándalo, la consultora Management & Fit detectó un trasvasamiento silencioso: el 6,2% del electorado nacional que pensaba votar a LLA cambió de opción o decidió no votar.
Más allá de los números, el caso Espert tensiona el relato anticorrupción del oficialismo. El respaldo inicial de Milei al economista, seguido por su apartamiento, dejó una huella de ambigüedad que impactó especialmente entre mujeres y votantes con mayor nivel educativo. La percepción de que el presidente conocía la gravedad del vínculo pero lo sostuvo por conveniencia política refuerza el desgaste interno.
Con Diego Santilli como posible reemplazo en la boleta bonaerense, La Libertad Avanza busca reordenar su estrategia. Mientras tanto, el gobierno apuesta a recomponer la agenda económica y capitalizar la reunión prevista entre Milei y Donald Trump como gesto de fortaleza internacional.











