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El consenso fácil

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La pirotecnia ya se venía apagando en Río Cuarto. De los 160 comercios que llegó a haber en el momento de esplendor, se cayó el año pasado a solamente 17 por una mezcla de razones: porque la sociedad fue cambiando sus pautas y asoció las bombas de estruendo más al peligro que a la festividad y, también, porque el factor económico se transformó claramente en un condicionante.
Ahora, la ordenanza que votó el Concejo Deliberante por unanimidad y que acaba de ser cuestionada en la Justicia apunta a darle la estocada final y a convertir a Río Cuarto en una ciudad libre de pirotecnia.
Hay quienes advierten incluso en el oficialismo que esa legislación, que retomó impulso por decisión del intendente Juan Manuel Llamosas, corre el riesgo no menor de ser declarada inconstitucional porque erradica una actividad que a nivel nacional no está prohibida sino regulada.
Pero más allá de los criterios jurídicos que finalmente imperen, hubo un proceso cargado de celeridad y consenso, dos características escasamente presentes en la política de todos los días, donde suelen prevalecer la confrontación y el desacuerdo.
Para el intendente Llamosas fue la oportunidad de retomar la iniciativa después de un segundo tramo del año complicado por una serie de reveses electorales, políticos y de gestión. Además mostró amplitud y generosidad porque no ostentó ser el impulsor principal sino que le transfirió ese reconocimiento al socialismo, que tiene a una de sus integrantes en el bloque de Cambiemos y que venía insistiendo con la imperiosa necesidad de terminar con la pirotecnia.
Una cuestión aparte son las argumentaciones en favor de la prohibición. Por un lado, están quienes anclan sus argumentos en los riesgos que conlleva la pirotecnia para las personas y especialmente los niños, en el respeto por el otro, en la generación de un contexto de festejo sin agresividad -en este caso sonora- hacia los demás.
En ese grupo, la centralidad aparece puesta en el ser humano y en la regulación de la vida en sociedad.
Otros prefieren enfocarse en el daño que la pirotecnia ocasiona a los animales, especialmente a los perros, y dejan en un desenfocado segundo plano a las personas. Ese es uno de los argumentos que más ha prendido socialmente y acompaña así una característica que se percibe cada vez más: las cuerdas sensibles de una amplia franja de población suelen activarse con mayor facilidad ante los derechos de los animales que ante las carencias de las personas.
¿Alguien ha visto en Río Cuarto una militancia tan activa y convencida para reclamarles, con fervor e insistencia, a los representantes en el Concejo Deliberante y en el Palacio Municipal que también se pongan de acuerdo para, por ejemplo, darles contención desde el Estado a los chicos que cada vez pueblan más esquinas de la ciudad y limpian vidrios en vez de estar a esa hora estudiando o jugando, como debería ser?
La sociedad parece inmunizada contra esas imágenes. Llega a aceptar la crueldad que implica ver a un chico que pide una moneda en la calle pero no la de un perro abandonado. Incluso los gobernantes ostentan similares actitudes: pueden permitirse la indiferencia ante una tragedia humana -el caso del submarino ARA San Juan es un ejemplo elocuente- y no pagan costo político por eso, pero muestran su veta de sensibilidad en las redes sociales jugando con sus mascotas.
El socialismo, al menos el riocuartense, es un caso paradigmático en ese sentido. En algún momento, esa fuerza política abandonó, al menos públicamente, su pretensión de convertir a la sociedad en un ámbito más justo para el ser humano y se enfocó en la lucha por los derechos de los animales. Su batalla emblemática fue otra prohibición: la de las carreras de galgos, que finalmente fueron desactivadas en todo el país a fuerza de una ley.
En aquella oportunidad, el socialismo fue inquebrantable en la pelea por los derechos de los perros que eran explotados para correr carreras, aunque dejó para otra oportunidad la cruzada en contra de las competencias de caballos. Aún hoy, a pesar de las promesas de sus dirigentes, el uso de equinos para divertimento y lucro no ha despertado su instinto prohibicionista ni protector.
Podría interpretarse entonces que el socialismo ejerce una defensa aristocratizante de los animales. A los sectores de mayor poder adquisitivo les permite el uso de los pura sangre para correr carreras o jugar al polo, pero es impiadoso con los propietarios de galgos o con los carreros que utilizan caballos para subsistir.
De ahí, que no es raro que el socialismo riocuartense haya compartido una alianza electoral con el Pro en Río Cuarto.
Pero más allá de la centralidad o no de las personas, hay además un rasgo central en el consenso que se logró recientemente en Río Cuarto para prohibir la pirotecnia. Está caracterizado por la tendencia al facilismo. No sólo porque el dispositivo de la prohibición suele ser un espejismo que genera la ilusión de solucionar mágicamente los problemas, sino porque los acuerdos abarcan cuestiones menores, superficiales, pero nunca descienden hasta la complejidad.
Es fácil, más aún en este contexto, ponerse de acuerdo para prohibir la pirotecnia. Responde a un clima imperante, es una reacción dominada por la demagogia. Pero que haya o no fuegos artificiales o petardos es una cuestión secundaria, periférica; no cambiará la configuración de la ciudad cuando la ordenanza entre en vigencia, si es que un juez no la frena.
Esa capacidad de consenso que generó la pirotecnia se esfuma de inmediato cuando se abordan aspectos de mayor relevancia. En las últimas horas, dos de los secretarios del Ejecutivo que conducen áreas de enorme gravitación en el gobierno, como son las obras y los servicios públicos y las políticas de desarrollo económico y contención social, dieron sus informes en el Concejo Deliberante y no apareció en el debate, encarnizado y apasionado, ningún indicio mínimo de alcanzar algún tipo de acuerdo.
Por un lado, es razonable que Cambiemos haya cuestionado con dureza al secretario de Obras, Martín Cantoro, por haber incumplido hasta hoy la promesa fundante del gobierno de Llamosas: eliminar la profusión de baches en la ciudad.
Pero podrían sondearse acuerdos, al menos básicos, en cuando a la política industrial y de desarrollo. Y aún más cuando se trata de la contención social; en ese caso es casi obligatorio.
Principalmente porque Pablo Bertea, subsecretario de Desarrollo Social, lanzó una frase que pasó sin pena ni gloria en el fárrago de críticas que se lanzaban oficialistas y opositores. Dijo que el Estado municipal, trinchera principal por efecto de la proximidad, está perdiendo la capacidad de acompañar el aumento de la demanda que genera el deterioro de la situación económica de una enorme franja de la población.
Y todavía faltan la aplicación de medidas que ya fueron anunciadas a nivel nacional y que tendrán un indudable impacto: los nuevos aumentos del gas y la luz, el techo del 12 por ciento para los aumentos salariales del año próximo y el acotamiento de los incrementos para los jubilados.
Se produjo una situación curiosa en el Concejo Deliberante. El bloque de Cambiemos le cuestionó fervorosamente a los funcionarios de Llamosas su política social, a la que calificaron de errática, contradictoria, ajustadora y enfocada únicamente en la pretensión de ahorrar. Pero lo hizo desde una posición que olvida que el empeoramiento de la situación social es producto de las políticas que se están tomando a nivel nacional y que son ejecutadas por su propio gobierno.
Del otro lado, el oficialismo se quejó, precisamente, porque los ajustes de tarifas de Juan José Aranguren están golpeando de lleno en la demanda que debe afrontar el Municipio. Pero también soslayó que el peronismo cordobés, a través del gobierno provincial, ha decidido apoyar el núcleo principal de las políticas de Macri; por ejemplo, el ajuste a los jubilados, que fue votado por Carlos Caserio, presidente del PJ provincial, en el Senado.
Esos entendimientos de cúpulas no se están trasladando al ámbito de la política riocuartense. Ya que las dos fuerzas políticas son socias en las medidas y sus consecuencias, también podrían serlo en las soluciones.