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Ahora, cada uno en su propio lugar

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Nunca fue una convivencia pacífica. Es más, uno y otro siempre se desconfiaron y tomaron recaudos por si su sociedad por conveniencia finalmente se rompía. Pero, en los largos 18 años que llevan turnándose en el poder, Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota jamás dejaron que sus diferencias se institucionalizaran. Los desacuerdos, algunos de los cuales amenazaron con hacer temblar el andamiaje construido por el peronismo en la provincia, quedaban siempre soterrados y si ascendían a la superficie era porque el periodismo reconstruía los capítulos de las negociaciones que eran siempre difíciles pero inexorablemente llegaban a buen puerto.
Esta vez algo se alteró. Ahora, las diferencias entre ellos, que se agudizaron en la campaña después de que De la Sota rechazara el ofrecimiento para encabezar la lista, se formalizaron: fácticamente ocupan espacios distintos. Schiaretti incluyó a sus diputados en el bloque Argentina Federal, que nucleará a 35 legisladores que representan a los gobernadores peronistas, y el exgobernador mantiene a su única representante en la Cámara Baja, su pareja Adriana Nazario, en el ya casi etéreo armado denominado UNA y que encabeza el diluido massismo.
Ya es institucional: integran espacios políticos escindidos y encarnan dos maneras de interpretar la coyuntura política y de posicionarse con respecto a Mauricio Macri.
Hasta no hace demasiado, quien fijaba la estrategia nacional era De la Sota y Schiaretti se limitaba a administrar las riendas del poder provincial. Pero inevitablemente esa situación fue mutando: el gobernador definió ser un aliado externo del Presidente, con una breve interrupción motivada por la campaña, y el exgobernador sondeó la construcción de una alternativa por la avenida del medio entre el macrismo y el kirchnerismo, que finalmente se estrechó hasta la asfixia en la última elección legislativa.
De uno y otro lado explican que el detonante final del quiebre público, ese que tiene a Nazario de un lado y a Alejandra Vigo -esposa del gobernador- y al resto de los nuevos diputados por el otro, fue la reforma previsional, que les quitará a los jubilados 80.000 millones de pesos en un año y que el delasotismo dice considerar inadmisible. En los últimos días Nazario expresó públicamente que votará en contra de esos cambios que golpearán a la clase pasiva y, además, se manifestó preocupada por los efectos de la reforma impositiva. “No voy a acompañar”, anticipó.
En la vereda opuesta, el senador Carlos Caserio, presidente del PJ y que ahora se muestra alineado con Schiaretti, si estaba angustiado por los efectos de la reforma previsional lo soportó porque fue uno de los que votó a favor en la Cámara Alta. Lo mismo harían los flamantes diputados cordobeses que integran Argentina Federal porque avanzarían en combo no sólo con las jubilaciones sino también con el pacto fiscal y la reforma tributaria. Es parte del acuerdo con el Gobierno.
Sin embargo, más allá de las posiciones con respecto a los proyectos que Macri decidió impulsar después de salir fortalecido de las legislativas, los movimientos de De la Sota y Schiaretti responden más que a convicciones, que siempre en la política pueden ser volátiles, a las estrategias que están llevando adelante para conservar el poder o, en su defecto, para tratar de conseguirlo.
En el delasotismo aseguran que el actual gobernador ya tiene acordado un esquema que le conviene tanto a él como a Macri. Según esa versión el peronismo pondría en 2019 a un candidato a presidente -podría ser el tucumano Juan Manzur- pensado para perder y habilitar la reelección del líder del Pro sin contrariedades. A cambio, el pacto comprendería que los gobernadores funcionales conservarían el poder en sus territorios.
Los schiarettistas no reconocen el supuesto entendimiento pero sí deslizan que a Macri podría serle más conveniente mantener en sus puestos a gobernadores opositores pero aliados, que les cerrarían el paso a opciones más hostiles del peronismo o a una hipotética recuperación del kirchnerismo, que disputarles el poder y empujarlos a la confrontación.
En Córdoba, el schiarettismo cree que el Presidente terminará prefiriendo al actual mandatario provincial, que ha militando entre sus pares las reformas que al macrismo le interesan, antes que a un dirigente propio.
Schiaretti actúa pensando en Schiaretti. Y de la Sota también procede en función de su propia conveniencia. El exgobernador, devenido en empresario de la moda, sólo podría crecer y proyectarse en el actual estado de situación como un antagonista de Macri y, por lo tanto, necesita exponer las medidas del Presidente que afectarán a la clase media, los trabajadores y los jubilados.
“El Gallego apuesta a que le vaya mal a Macri. Nosotros creemos que es probable que le vaya mal con la gente pero no será ahora ni en el corto plazo. Mientras tanto tenemos que tener una estrategia de supervivencia”, relatan en el schiarettismo.
En el gobierno provincial además enumeran razones más tangibles para seguir un camino cercano al del Presidente. Sostienen que el pacto fiscal firmado con los gobernadores le reportará a Córdoba al menos 4.500 millones de pesos, más la cobertura de una porción del déficit de la Caja, lo que le garantizaría un año sin sobresaltos y la continuidad de un plan de obras que, según el oficialismo, rondará los 5.700 millones de dólares.
Hay un capítulo de las disonancias entre los dos hombres fuerte del PJ cordobés que no está centrado en la Nación sino en Córdoba. Tantos años de convivencia en el poder han ido creando un entramado en el que se mezclan delasotistas y schiarettistas y en el que a ninguno le es sencillo desprenderse del otro.
¿Puede trasladarse esa división que se ha corporizado en el Congreso de la Nación a Córdoba, a la Unicameral en la que schiarettistas y delasotistas conviven en el bloque de Unión por Córdoba? Nunca suelen ser inocuas las internas peronistas cuando llegan a un punto de no retorno.
Cerca del exgobernador aseguran que la sangre no llegará al río en los próximos meses y que sólo se desencadenará una ruptura definitiva a nivel provincial en un caso extremo. Sin embargo, el delasotismo es cada vez más crítico y anticipa que no avalará en la Legislatura los acuerdos con Macri que requieren ser refrentados por la Unicameral.
El schiarettismo, por su parte, no descarta la hipótesis de conflicto pero, a la vez, le baja el precio a su socio-rival. “La debilidad de De la Sota se expresa en que Nazario va a estar sola en la Cámara y nosotros somos 35”, dicen en el Panal. Y hacen cuentas: aseguran que aún si el exgobernador decide romper con Schiaretti y trasladar esa pelea a la Unicameral, la pérdida no será irreparable porque, según señalan, se limitará a tres o cuatro legisladores. Mientras tanto, para vacunarse antes de los primeros síntomas, el oficialismo sigue negociando con Córdoba Podemos, la expresión del kirchnerismo residual, al que las huestes del gobernador ya cuentan como propio en un juego en el que gravita la mutua conveniencia.
En el delasotismo señalan que su núcleo duro, los inamovibles, son seis.
Unos y otros sostienen que no habrá por el momento más manifestaciones públicas de la distancia que los separa. Pero, por las dudas, para no descuidarse, hacen un recuento de sus fortalezas y sus soldados.