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Llaryora en 2026: entre la baja de impuestos y la reinvención política del peronismo cordobés

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El gobernador cordobés enfrenta este año el desafío de sostener su plan de alivio impositivo mientras redefine el rumbo del peronismo provincial. Economía y política se entrelazan en un año clave que anticipa la batalla por la reelección en 2027.

Martín Llaryora encara un 2026 decisivo, un año que se presenta como la antesala de su pelea por la reelección en 2027 y que lo obliga a sostener un delicado equilibrio entre la gestión económica y la construcción política. El gobernador de Córdoba eligió como bandera la reducción de impuestos, una medida que busca aliviar a comerciantes, productores y familias en un contexto nacional marcado por la incertidumbre. Al mismo tiempo, debe redefinir el rumbo del peronismo cordobés, un espacio que atraviesa tensiones internas y enfrenta el desafío de mostrarse renovado frente a una ciudadanía cada vez más crítica de las viejas estructuras partidarias.

En el plano económico, Llaryora presentó un presupuesto que promete alivio impositivo con rebajas en Ingresos Brutos, Inmobiliario Urbano y Rural, además de beneficios específicos para sectores estratégicos como la educación, la salud, la industria y la agricultura. La reducción de la alícuota de Ingresos Brutos, que pasa del 3,5% al 2,5%, impacta directamente en más del 60% de los comerciantes cordobeses y se convierte en el gesto más visible de su política de “cuidar a los cordobeses y fortalecer la producción”. El objetivo es claro: mostrar que Córdoba puede ser un motor de crecimiento en medio de un país que aún lidia con inflación persistente y tensiones fiscales. Sin embargo, el riesgo es evidente: si la recaudación provincial se resiente, la sostenibilidad de estas medidas quedará en duda y el discurso de alivio económico podría perder fuerza justo en el año previo a la campaña.

En paralelo, el gobernador enfrenta un escenario político complejo. Los estudios de opinión reflejan que más de la mitad de los argentinos perciben al peronismo como un espacio que perdió representatividad, lo que obliga a Llaryora a diferenciarse de la tradición de décadas de hegemonía peronista en Córdoba. Su estrategia apunta a construir un perfil pragmático, renovador y menos atado a las viejas estructuras, intentando capitalizar la idea de una “ola violeta” que lo muestre como alternativa frente al desgaste nacional. Pero la tarea no es sencilla: debe mantener cohesión interna en el PJ cordobés, evitar fracturas y, al mismo tiempo, proyectar una narrativa que lo posicione como líder capaz de dar estabilidad en tiempos de crisis.

El 2026 se convierte así en un laboratorio político y económico. Cada decisión en materia fiscal y cada gesto hacia la interna partidaria tendrán impacto directo en su futuro electoral. Si logra sostener el alivio impositivo y reposicionar al peronismo provincial como alternativa viable, llegará fortalecido a la campaña de 2027. Si no, la narrativa de renovación podría quedar vacía y abrir espacio a opositores locales y nacionales que esperan capitalizar cualquier tropiezo.

En definitiva, Llaryora enfrenta un año bisagra: debe demostrar que puede gobernar con eficacia en lo económico y con audacia en lo político. Córdoba será el escenario donde se pondrá a prueba su capacidad de combinar gestión y estrategia, con la mirada puesta en una reelección que dependerá tanto de los números fiscales como de la construcción de un nuevo relato político.