La figura de Manuel Adorni atraviesa su peor momento político. Según la última encuesta nacional de la consultora Zuban Córdoba, realizada sobre 1.200 casos en todo el país, el vocero presidencial acumula un 66% de imagen negativa y apenas un 21,5% de positiva, en una caída sostenida desde 2024, cuando superaba el 50% de aprobación.
El relevamiento expone además un dato contundente: el 70,4% de los consultados cree que Adorni debería renunciar. La percepción pública se ve directamente atravesada por las denuncias sobre su patrimonio y viajes, que derivaron en el escándalo bautizado como “Adornigate”. La mayoría de los encuestados afirma estar al tanto de las acusaciones y considera que el Gobierno intentó encubrir la situación.
El sondeo señala que el 77,9 por ciento de la gente considera que Adorni debería explicar cómo paga sus viajes.
La crisis de imagen no solo golpea a Adorni, sino que también arrastra al Ejecutivo. El estudio refleja que más del 70% cree que el Gobierno intentó tapar la polémica, lo que profundiza la desconfianza hacia la gestión. En apenas dos años, el vocero pasó de ser uno de los funcionarios más populares a convertirse en uno de los más cuestionados.
El impacto político es evidente: la estrategia oficial de sostenerlo en el cargo no logra contener la presión social ni mediática. Mientras tanto, la oposición capitaliza el desgaste y exige explicaciones en el Congreso, en un contexto donde la opinión pública parece haber dictado sentencia.











