En medio de un escenario económico adverso y con tensiones internas en el peronismo cordobés, el gobernador Martín Llaryora despliega una estrategia de presencia territorial: recorridas, inauguraciones y anuncios que buscan sostener su imagen de gestión y preparar el terreno para una eventual reelección en 2027.
Martín Llaryora parece haber tomado una decisión clara: salir al territorio, multiplicar los actos y mostrarse como un gobernador en movimiento. En las últimas semanas, su agenda se pobló de inauguraciones de obras públicas, anuncios de programas sociales y recorridas por municipios del interior. La estrategia no es casual: en un contexto económico complicado, con la inflación golpeando el bolsillo y las tensiones políticas internas creciendo, el mandatario cordobés apuesta a reforzar su perfil de gestión y cercanía.
El despliegue territorial cumple varias funciones. Por un lado, busca contrarrestar el desgaste natural de la gestión y las críticas que emergen desde sectores opositores y aliados. Por otro, intenta instalar la idea de continuidad: un gobernador que no se repliega, sino que avanza con obras y políticas concretas, incluso en tiempos difíciles. En cada acto, Llaryora se muestra rodeado de intendentes, legisladores y dirigentes locales, reforzando la trama de apoyos que necesitará si decide competir por la reelección en 2027.
El desafío, sin embargo, es doble. La crisis económica limita los márgenes de acción y obliga a administrar recursos con cautela. Al mismo tiempo, las disputas internas dentro del peronismo cordobés —entre quienes reclaman mayor apertura y quienes defienden la centralidad del gobernador— tensionan la estrategia. En ese marco, las inauguraciones y anuncios funcionan como un mensaje político: Llaryora quiere ser visto como el garante de estabilidad y gestión, capaz de sostener la provincia en medio de la tormenta.
La pregunta que sobrevuela es si esta estrategia alcanzará para blindar su imagen de cara a 2027. Por ahora, el gobernador apuesta a que la presencia constante en el territorio y la narrativa de gestión sean suficientes para mantener la iniciativa y evitar que la agenda se la marquen otros











