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A medio siglo del golpe: una marea humana por el “Nunca Más” frente al desafío del relato oficial

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Argentina se despertó el 24 de marzo con el eco de los bombos todavía resonando en las paredes de las principales ciudades del país. No fue un 24 de marzo más: la cifra redonda de los 50 años del golpe de Estado de 1976 cargó de una mística particular a una jornada que desbordó cualquier previsión de asistencia. Desde temprano, las columnas de organizaciones de derechos humanos, sindicatos y partidos políticos confluyeron en una Plaza de Mayo que, por momentos, pareció quedar chica para la magnitud del reclamo.

Bajo la consigna central “Que digan dónde están”, el documento leído en el escenario principal por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo fue un recordatorio punzante de que, medio siglo después, la herida de los desaparecidos sigue supurando. Sin embargo, el texto no se quedó en el pasado: hubo críticas feroces al actual modelo económico, al protocolo de seguridad y a lo que los organismos calificaron como un “plan sistemático de negacionismo” por parte del Ejecutivo nacional.

Mientras la calle hablaba con banderas y cánticos, el Gobierno de Javier Milei eligió el terreno digital y audiovisual para dar su propia batalla. A través de un video institucional difundido en redes, la narrativa oficial insistió en el concepto de “Memoria Completa”. Con testimonios de víctimas de organizaciones guerrilleras previos al golpe, la Casa Rosada buscó equiparar las violencias y cuestionar el número de los 30.000, una postura que ya es marca registrada de la gestión actual.

Un país, dos espejos

La jornada también tuvo momentos de alto voltaje político extra-conmemorativo. La columna de La Cámpora, que realizó su tradicional caminata desde la ex-ESMA, incluyó una parada simbólica frente al domicilio de la expresidenta Cristina Kirchner, quien atraviesa un complejo presente judicial. Este gesto subrayó que, en Argentina, la memoria siempre es una herramienta del presente.

El 50° aniversario deja una conclusión inquietante: a medio siglo del horror, el consenso sobre lo ocurrido parece haberse resquebrajado. Aunque, esta vez, las calles mostraron que la memoria sigue viva y activa.